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Alineamiento Vida y trabajo

30/09/2021

Vida’ y ‘Trabajo…. Vividos como universos paralelos?

Algunos años han transcurrido ya desde que notas y artículos de divulgación masiva adoptaron el concepto de equilibrio vida-trabajo como un foco de interés generalizado. Desde luego que ya en aquel entonces no era nada nuevo, y que desde siempre toda persona ha intentado encontrar el mejor balance entre ambos, con mayor o menor éxito.
Sin embargo, también se ha afirmado que es una idea errada: “vida” versus “trabajo” (como 2 mundos escindidos) pareciera implicar que mientras trabajamos estamos ‘muertos’. Sería más preciso establecer una polaridad entre “vida de trabajo” versus “vida de ocio”, para ser más exactos.
Además de eso, esta discutible polaridad entre “vida” y “trabajo” sugiere que al ser ‘universos paralelos’ cada uno de ellos puede tener características y objetivos completamente diferentes, entre los que debemos gestionar nuestro tiempo y energía.
Indudablemente, para muchas personas esto sucede así. Su vida de trabajo transcurre por determinados carriles, con sus horarios, sus obligaciones, sus bemoles y sus vínculos específicos. Mientras que por otro andarivel MUY diferente transcurre su vida de ocio.
Es una imagen muy corriente: gente que asiste a su trabajo a completo desgano, y en completa disociación respecto de lo que es su “vida personal y privada”, en la que se los ve con una vitalidad prácticamente desconocida para sus colegas (¿quién no ha percibido estos contrastes en ejercicios de teambuilding, por ejemplo, donde los colegas “revelan” una versión más completa de sí mismos en las actividades, que las visibles en el día-a-día laboral?).

Inversamente, hay quienes invierten un enorme monto de tiempo y energía en su ejercicio profesional, a veces en detrimento de una vida privada más plena y saludable, algo que se ve con frecuencia en quienes portan con orgullo carreras brillantes.
Pero la pregunta que sigue es: ¿es sostenible esta disociación? ¿sirve para algo? ¿Qué impacto guarda para quienes tienen que convivir con ‘mundos paralelos’? O, formulándolo de otra manera… logramos sentirnos internamente ‘alineados’ de tal manera que la persona que llevamos a nuestro trabajo es la misma con la que volvemos a casa y disfruta de su tiempo libre? O son 2 personas muy distintas? ¿Somos fieles en nuestro ejercicio profesional a un plan más abarcativo de ‘lo que queremos para la vida’? Quién no ha experimentado alguna vez la sensación de que los anhelos personales transcurrían en un canal completamente diferente al de la carrera profesional? Quién no ha tenido mil dudas y mil cavilaciones al ponderar si a lo que se dedicaba estaba realizándolo en lo personal? O quién no ha pasado rapidito-y-sin-detenerse-a-pensar-mucho el ítem ‘Ocupación’ cuando nos poníamos puntajes en alguno de esos ejercicios que nos hacen autoevaluar nuestras diferentes ‘dimensiones’ de la vida?

En todos estos interrogantes emerge un factor común: en muchas personas la actividad que realizan no está en consonancia con sus objetivos más queridos y personales. Tan sencillo y decepcionante como eso, tanto que muchos prefieren no ponérselo a pensar en profundidad.
Su trayectoria laboral es ‘el resultado de una elección hecha en la temprana juventud’, combinada con ‘las oportunidades que se fueron dando’. Y no mucho más. Habrá quienes habrán estado más activamente generando cambios a lo largo de su carrera, como habrá quienes se dejaron atrapar por la inercia. Lo cierto es que se percibe -más tarde o más temprano- que hay una instalada divergencia entre lo que se está haciendo, y lo que gustaría estar haciendo.
No abundan los que pueden decir que estén en completa plenitud con la ocupación que estén ejerciendo. Podemos, entonces, distinguir 3 escenarios diferentes, a cada uno de los cuales deberíamos responder de la manera más apropiada:

[a] Viviendo la vocación: son quienes integraron su ocupación a un propósito personal, a sus valores, a sus intereses, y a su manera de entender la vida, lo que les da la tremenda ventaja de ´potenciar a toda marcha’ su profesionalidad, ya que logran capitalizar mucho capital personal al servicio de lo que hacen. Es el punto ideal, el “punto caramelo”, digamos. Está claro que también acá se sufre la ‘rutinización’ y el stress, pero a la larga se sobrellevan de una forma más sostenible, porque hay elementos presentes en el ejercicio profesional que ‘recompensan’ su práctica. Lo que hacen ‘les sale por los poros’. Permanentemente estudian, se actualizan, intercambian –es lo que les gusta, claramente.
En este sentido, lo recomendable sería ir nutriendo esta elección; acentuarla, capacitarse, especializarse y ponerla al servicio de los otros, de una manera que también genere ‘compensadores sociales adicionales’, como la gratitud recibida, entre otros. Han encontrado su ‘auténtico Norte’, y eso no es poca cosa.

[b] Alineamiento parcial. Son los casos tal vez más comunes, los de quienes tienen ‘algo’ de sí mismos puesto en su ocupación, tal vez sus intereses de siempre. Pero hay muchas otras cosas personales que no ‘caben’ en su carrera, y encuentren otros canales paralelos, como los hobbies y pasatiempos. En su carrera han tenido que hacer elecciones pragmáticas (“agarro porque es lo que hay”), unas oportunidades fueron llevando a otras y se fue creando la trayectoria híbrida a lo largo del tiempo…. Pero algo de las preferencias personales quedó en desconexión con esto. En este caso, habrá que hacer un examen de conciencia y eventualmente cambios profundos en las elecciones futuras: a lo largo del tiempo cada persona evaluará si continuar coexistiendo con esa ‘divergencia’, con esa ‘doble vida’, o si en algún momento de cambio se da un ‘volantazo’ para dedicarse a algo que sea más gratificante, y que pueda capitalizar algo más genuino de sí (“meter el alma”) que meramente un puñado de habilidades bien ejercitadas, como ha sido hasta ahora.

[c] Proyectos ‘antagónicos’. Son aquellos en los que una persona aspira, anhela y sueña con algo completamente diferente, e incompatible, con lo que puede o debe hacer con su vida laboral. Sucede cuando lo que ‘le nace’ no tiene un camino fácil a poder ejercer una actividad profesional rentada (muchas actividades artísticas subvaloradas, por ejemplo) y debe dedicar su tiempo a trabajos que no le generan ningún tipo de recompensa personal más allá de la económica, muy posiblemente por fuerza mayor (“responsabilidades financieras”). Son antagónicos porque el ejercicio de la actividad remunerada le drena tiempo y energía para dedicarse a aquello que realmente le gusta. Esta situación es difícil de sostener, y es fuente de mucho stress e infelicidad, ya que se están viviendo ‘2 universos paralelos’. Tarde o temprano, habrá que intentar un cambio, dentro de las posibilidades, para pasar a alguno de los escenarios descriptos más arriba, el primero de todos preferentemente.

Cada uno puede darse cuenta del caso del que más cerca está, si realiza un buen auto-análisis. Y es en este tipo de reflexión donde es bueno recordar el concepto del ikigai (‘sweet spot’ en su versión occidentalizada). El concepto de ikigai encierra la intersección de 4 ideas: “en lo que soy bueno”, “lo que me gusta”, “lo que el mercado pide” y “por lo que me pueden pagar”. Donde hay intersección de 2 ó 3 de estos elementos existen oportunidades, pero siempre ‘falta algo’. Pero donde coinciden todos, los 4 criterios, ese es el punto “láser” en el que sinergizan 4 pilares de una actividad lucrativa y personalmente satisfactoria como el placer de ejercerlo, la habilidad para hacerlo bien, que sea necesario para otros, y que pueden retribuir por ello.
Si algo de esto falta, el rompecabezas está -estrictamente hablando- incompleto.

El caso de la ´carrera independiente’ o en relación de dependencia
A la luz de estas ideas no es menor la oportunidad que ofrece una pausa en la carrera. Al encarar un proceso de Outplacement, o al decidir un corte en lo que se venía haciendo, se entra en un ritmo marcadamente diferente del que imperó por varios años. De algún modo se entra en terreno desconocido, o por reconocer nuevamente.
Y si bien a algunos les tomará más tiempo que a otros para acostumbrarse, lo cierto es que es un momento muy propicio para plantearse el ‘alineamiento’ arriba descripto: si objetivos personales y profesionales estaban sintonizados no se deberían esperar grandes cambios para el próximo paso de carrera.
Pero en los otros dos casos (desalineamiento parcial o total) hay que seriamente considerar cambios respecto de lo que se venía haciendo; el precio de no hacer lo que sacaba lo mejor de sí fue muy alto, y por muchos años, como para volver a caer en lo mismo. Está claro que en mercados deprimidos de trabajo se privilegia ‘lo que aparece’, pero aun así hay cierto margen para poder darle una impronta personal a la elección.
Esto, si se opta por seguir en relación de dependencia, claro.

Si en cambio se eligiera la alternativa de emprender, esto puede ser una gran oportunidad para dar rienda suelta a esos talentos ocultos que ‘despuntaban el vicio’ a través de hobbies, o de favores para amigos, o como ‘rebusques paralelos’ (lo que los anglos llaman ‘side hustles’). Eso que asomaba como una afición practicada en forma no sistematizada sea tal vez una puerta de oportunidades para hacer algo que alinee objetivos personales y profesionales. Y tal vez, con algunas experiencias iniciales ya “con fines de lucro”, tengan el impacto positivo que suelen tener aquellas cosas que se hacen ‘de corazón’, lo que genere quizás un efecto de boca en boca que pueda ir haciendo crecer el negocio de a poco.

En conclusión, hemos considerado tres distintos escenarios posibles en lo que concierne a la coherencia, interna y personal, de nuestros objetivos personales y de carrera. Todas tienen un curso diferente de acción, y demandan no solamente honestidad con nosotros mismos, sino un acto de fuerza de voluntad que nos traccione a cambiar, so pena de una vida vivida en forma ‘menos plena’ que la que su potencial le propone. Las rupturas en la continuidad de carrera son oportunidades ‘de oro’ para replantearse esto y ponerse al día con uno mismo. La alternativa de continuar en relación de dependencia o de montar el propio emprendimiento que capitalice lo mejor de uno (como propone el esquema del Ikigai) es un momento de esos.
Las elecciones que vamos tomando son las que van escribiendo ese renglón de lo que llamamos ‘nuestra vida’. O, como alguien ha dicho en forma más sintética: “Somos las decisiones que tomamos”.
Tomémoslas, entonces, a conciencia, y a vivir la vida que queremos vivir. No la que “nos toca”.

30/09/2021Por Alejandro Gardella

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